Un coordinador de campo publica en su cuenta personal una opinión sobre la campaña. Al día siguiente, en una vereda donde la organización lleva seis años trabajando, una líder comunitaria le pregunta a la promotora: «¿Entonces ustedes son de esos?». La promotora no sabe qué responder. Esa misma semana, un funcionario local ofrece «apoyo logístico» para el próximo taller, y en la oficina nadie tiene claro si aceptarlo es un favor o un compromiso. Nada de esto es ilegal. Pero todo erosiona algo que costó años construir: la confianza de que la organización está ahí por la comunidad y no por otra cosa.
Este post no habla de política. Habla de cómo una organización social se cuida a sí misma, a su equipo y a su relación con las comunidades en un periodo en el que todo se lee en clave electoral. No vas a encontrar aquí referencias a candidaturas, partidos ni resultados. Lo que sí vas a encontrar son reglas internas que hemos visto funcionar.
Los riesgos típicos
En HuellaSocial hemos acompañado organizaciones en varios ciclos electorales y los problemas se repiten con una regularidad casi aburrida.
La confusión entre persona y organización. Cada miembro del equipo tiene derecho a sus opiniones y a expresarlas. El problema aparece cuando la comunidad no distingue entre lo que dice una persona y lo que representa la organización. En territorios pequeños, esa distinción no existe: la promotora es la fundación.
La instrumentalización. Actores en campaña buscan espacios con credibilidad. Una organización con convocatoria en el territorio es un espacio con credibilidad. Las ofertas llegan con formas amables: patrocinar un evento, prestar un salón, acompañar una jornada. Aceptar una sola vez puede marcar a la organización durante años.
La parálisis. Lo contrario también pasa. Por miedo a parecer alineada con alguien, la organización suspende actividades, deja de convocar, pospone decisiones. La comunidad lo interpreta como abandono.
El desgaste del equipo. Las conversaciones en el equipo se tensan. Personas que trabajaban bien juntas descubren que piensan distinto y no saben cómo manejarlo. He visto equipos que llegaron fracturados al día después de la elección sin que nadie hubiera hecho nada grave.
La desconfianza de los financiadores. Un financiador que percibe a la organización como parte de una contienda puede retirarse en silencio. Casi nunca lo dice.
Una política interna breve
La herramienta más eficaz que conocemos es una política escrita, corta y aprobada por todo el equipo antes de que el periodo electoral se caliente. No un manual de veinte páginas: una página, con reglas claras y las razones detrás de cada una.
Una fundación de doce personas que trabaja en derechos de la niñez en el Caribe colombiano redactó la suya en una sesión de tres horas. Quedó así, en lo esencial:
- La organización no apoya, promueve ni rechaza públicamente ninguna candidatura. Esto aplica a cuentas institucionales, a eventos y a cualquier vocería en nombre de la organización.
- Las opiniones personales son personales. Cada quien puede expresarlas en sus espacios propios, pero sin usar el logo, el nombre, el uniforme, el correo institucional ni fotografías de las actividades de la organización. Durante el periodo, se pide no mencionar el nombre de la organización en el perfil de redes personales.
- Ningún recurso de la organización (salones, vehículos, bases de datos de participantes, listas de contactos, canales de WhatsApp) se presta ni se comparte con fines de campaña. Sin excepciones y sin importar quién lo pida.
- Toda oferta de apoyo que llegue de un actor en campaña se registra y se responde por escrito desde la dirección. Nadie en campo tiene que decidir solo.
- Las actividades programadas se mantienen. Si alguna coincide con un evento de campaña en el mismo lugar, se mueve de fecha o de sitio, pero no se cancela.
- Si alguien del equipo decide participar activamente en una campaña, lo comunica a la dirección y se acuerda una licencia o una separación temporal de funciones de cara pública.
El punto más discutido fue el segundo. Hubo quien lo sintió como una restricción a su libertad. La conversación que lo resolvió fue esta: no se trata de callar, se trata de proteger a las compañeras que están en el territorio y a quienes la comunidad va a hacer responsables de lo que diga cualquiera del equipo.
Una política así no se impone; se construye. Si la dirección la redacta sola y la manda por correo, el equipo la lee como desconfianza. Si se escribe entre todos, se lee como acuerdo.
Comunicación con las comunidades
Las comunidades con las que trabajas también están atravesando el periodo electoral, y con mucha más presión que la organización. La claridad les ayuda.
Lo que hemos visto funcionar: decirlo de frente. En la siguiente reunión comunitaria, antes de entrar en agenda, alguien de la organización explica en dos minutos cuál es la postura: «Este año hay elecciones. Nosotros no estamos con nadie y no vamos a estar con nadie. Seguimos trabajando con ustedes igual que antes. Si alguien les dice lo contrario, pregúntennos directamente». Se repite en cada espacio durante el periodo. Suena redundante; no lo es.
Otras reglas prácticas:
- Los canales de WhatsApp con participantes se usan solo para lo que se usaban antes. Si un participante comparte contenido de campaña en un grupo de la organización, se le pide con respeto que no lo haga, una vez, y se recuerda la regla al grupo. No se expulsa a nadie por una primera vez.
- Las convocatorias a actividades no se hacen a través de intermediarios que estén en campaña, aunque sean los líderes de siempre. Durante el periodo, se convoca directamente.
- Si la organización recoge datos de participantes, esos datos no se comparten con nadie, por ninguna razón, durante el periodo. Esto ya debería ser así siempre, pero conviene recordarlo cuando la presión aumenta.
Después de las elecciones
El día siguiente a una elección es un día difícil en cualquier equipo. Alguien está contento, alguien está triste, y todos tienen que trabajar juntos. Lo que recomendamos es sencillo: no ignorarlo. Una reunión corta, de media hora, sin agenda de trabajo, donde cada quien pueda decir cómo llega, con una sola regla: nadie comenta lo que dijo otro. Luego se vuelve al trabajo.
Con las comunidades, el mensaje es el mismo que antes: seguimos aquí, seguimos igual. Y hay que demostrarlo con calendario: la primera actividad posterior a la elección debería estar programada desde antes y cumplirse en la fecha.
Un último punto. Si en el periodo electoral la organización cometió errores (alguien habló de más, se aceptó un favor que no debía aceptarse), lo mejor es reconocerlo internamente, corregirlo y, si afectó a la comunidad, decirlo en la siguiente reunión. La confianza se recupera más rápido con una disculpa clara que con silencio.
Por dónde empezar
- Reserva una sesión de tres horas con todo el equipo para escribir la política interna. Usa los seis puntos de arriba como borrador y cámbialos hasta que sean suyos.
- Define quién responde las ofertas de apoyo que lleguen y cómo se registran. Un correo y una hoja de cálculo bastan.
- Prepara el mensaje de dos minutos para las comunidades y acuerda quién lo dice en cada espacio.
- Deja programada desde ya la primera actividad posterior a la elección.
Si quieres que lo miremos juntos, una conversación de 20 minutos basta. A veces lo más útil es una mirada externa que ayude a ver dónde está expuesta la organización antes de que el periodo se complique; de eso trata nuestro servicio de comprender y diagnosticar.