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Sector social LatAm

Financiadores: digitalizar la cartera entera en vez de una organización a la vez

Por qué el fortalecimiento digital rinde más como programa de un financiador para su cartera de aliadas: estándar común, cohorte y qué gana quien financia.

Equipo HuellaSocial6 min de lectura

La coordinadora de una organización de base en el Cauca dedica la última semana de cada trimestre a una sola cosa: informes. Tiene cuatro financiadores. Cada uno pide un formato distinto, una periodicidad distinta y una definición distinta de «beneficiario». El dato es el mismo; el trabajo se multiplica por cuatro. Mientras tanto, en la oficina de uno de esos financiadores, un oficial de programas recibe los informes de sus doce organizaciones aliadas, cada uno en un formato distinto, y pasa dos semanas intentando sumar lo que no se puede sumar.

Los dos están atrapados en el mismo problema desde lados opuestos. Y los dos lo intentan resolver por separado: la organización, pidiendo un consultor que le arme una hoja de cálculo; el financiador, pidiendo que los informes sean «más claros». Ninguno funciona porque el problema no es de una organización ni de un financiador: es de la relación entre ellos.

El problema de reportar a diez financiadores distintos

Las organizaciones sociales de América Latina son pequeñas y tienen poco dinero. Según el informe Madurez Digital del Sector Social LatAm 2025, de Propel y 60 Decibels, el 55 % de las organizaciones encuestadas opera con un presupuesto anual inferior a 50 000 dólares, y el 48 % tiene entre una y diez personas. El Perfil Digital del Sector Social LatAm 2024, de los mismos autores, señalaba que el presupuesto limitado es la principal barrera para adoptar herramientas digitales: la mencionaron el 74 % de las organizaciones principiantes y el 75 % de las intermedias.

Con ese tamaño y ese presupuesto, cada formato de informe adicional es una fracción significativa del tiempo de alguien. Y cada herramienta que un financiador «recomienda» es una herramienta más que nadie en el equipo sabe usar.

El resultado es conocido: datos recogidos tarde, a mano, con definiciones que cambian según quién pregunte. La organización no aprende de sus datos porque los produce para otros. El financiador no puede comparar ni agregar porque cada organización le reporta a su manera. Y cuando un financiador decide apoyar la digitalización de una de sus aliadas, lo hace con un proyecto aislado que termina cuando termina la consultoría.

Un estándar común

La primera pieza de la solución es que el financiador defina, para toda su cartera, un conjunto mínimo de datos comunes. No un sistema impuesto, sino un acuerdo: estos cinco o seis datos los reportan todas las organizaciones, con la misma definición y en el mismo formato, y el resto cada una lo lleva como quiera.

Un estándar así suele incluir participantes activos por periodo, con una definición única de qué cuenta como participante; avance frente a la meta acordada; un indicador de resultado por programa, elegido con la organización; ejecución presupuestal; y un campo de aprendizajes y ajustes en texto corto.

Lo que cambia con esto no es solo el informe. Es que la organización empieza a llevar sus registros de forma que ese estándar salga solo. Si el formulario de asistencia ya tiene las columnas correctas, el dato trimestral se calcula; no se arma. Y si el estándar está bien diseñado, le sirve a la organización para reportar también a los otros financiadores, porque la mayoría pide variaciones de lo mismo.

Formación en cohorte

La segunda pieza es formar a las organizaciones juntas, no una por una. Un financiador con doce aliadas puede montar un programa de fortalecimiento digital de tres o cuatro meses en el que las doce pasan por el mismo proceso al mismo tiempo: diagnóstico de cada una, diseño de sus registros alrededor del estándar común, un tablero sencillo por organización y una sesión de cierre conjunta.

La cohorte tiene ventajas que la consultoría individual no tiene:

  • Cuesta menos por organización. El diseño del estándar, los materiales y las sesiones se hacen una vez. Lo que varía es el acompañamiento a cada equipo.
  • Las organizaciones aprenden unas de otras. La que ya resolvió cómo recoger datos en zonas sin conexión se lo cuenta a las demás. Eso no lo puede dar un consultor.
  • El estándar se construye con ellas. En la primera sesión, las doce organizaciones discuten las definiciones. Lo que sale es algo que todas entienden y aceptan, en vez de algo que les llegó por correo.
  • Dura. Cuando termina el programa, hay una red de organizaciones que comparten formatos y problemas. Se siguen consultando.

Un ejemplo. Una fundación empresarial del Eje Cafetero financia a nueve organizaciones de base, entre ellas una asociación de productores, dos colectivos juveniles y varias organizaciones de mujeres rurales. Durante años recibió nueve informes distintos y apoyó, de forma puntual, a tres de ellas con consultorías de digitalización que no dejaron nada permanente.

El año pasado cambió el enfoque: un programa de cuatro meses para las nueve a la vez. Primera sesión conjunta para acordar seis datos comunes y sus definiciones. Luego, dos visitas a cada organización para rediseñar sus registros (en la mayoría de los casos, un formulario en el celular y una hoja de cálculo bien estructurada). Un tablero por organización y uno agregado para la fundación. Sesión de cierre con las nueve. A los seis meses, ocho de las nueve seguían reportando con el estándar sin ayuda. La novena había cambiado de coordinadora y necesitó una sesión de refuerzo.

Qué gana el financiador

Puede parecer que todo esto es un favor a las organizaciones. No lo es: el financiador es quien más gana.

Gana datos comparables. Por primera vez puede responder a su junta directiva «¿cuántas personas participan en los programas que financiamos?» con una suma real y no con una estimación.

Gana tiempo de su equipo. El oficial de programas que pasaba dos semanas intentando consolidar informes pasa dos días.

Gana calidad en lo que financia. Una organización que ve sus propios datos cada mes toma mejores decisiones, y eso se nota en los resultados del programa que el financiador paga. El Perfil Digital 2024 lo documenta desde el otro lado: las organizaciones digitalmente avanzadas reportan mejoras en su capacidad de recaudar fondos 1,4 veces mayores que las principiantes.

Y gana relación. Las organizaciones distinguen con mucha claridad entre el financiador que pide y el que ayuda a poder responder. Los segundos consiguen mejores aliados, más transparencia y menos sorpresas al final del año.

Por dónde empezar

  1. Haz una lista de tus organizaciones aliadas y de los formatos de informe que les pides a cada una. Mira cuánto se repite.
  2. Escribe un borrador de cinco o seis datos comunes con sus definiciones. No lo cierres: es para discutirlo con ellas.
  3. Convoca a las organizaciones a una sesión de medio día para revisar el borrador. Lo que salga de ahí es el estándar.
  4. Decide si quieres montar el programa en cohorte este año o el próximo, y con cuántas organizaciones empiezas.

Si quieres que lo miremos juntos, una conversación de 20 minutos basta. En datos para decidir hemos diseñado este tipo de programas para financiadores y sus carteras, y podemos contarte qué funcionó y qué no.

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